24 de junio · Aceptar las etapas de la vida y no vivir apurado
Eclesiastés 3:1: todo tiene su tiempo
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 24 de junio.
Versículo del día: Eclesiastés 3:1-11 RV1909
Tienes sesenta y cuatro años y llevas treinta y ocho enseñando historia en un colegio fiscal de Quillacollo, en Cochabamba. Este mes llegó la carta: a fin de año te toca jubilarte. Dijiste a todos que estabas feliz, pero no es cierto. Te sigues levantando a las cinco, y cuando piensas en un marzo sin aulas sientes un vacío en el estómago. Le pediste al director que te deje “aunque sea unas horas” y te dijo que no hay ítem. Desde entonces andas de mal genio: corriges cuadernos con rabia, criticas a la profesora joven que te va a reemplazar y le contestaste feo a tu esposa cuando te habló del viaje a Sucre que planean desde hace años. Tu nieto Joaquín te preguntó si ahora sí vas a poder llevarlo al fútbol los sábados, y no supiste qué responderle.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día, por mi casa, por mi esposa y mis nietos, y por los años de trabajo que me diste. Me quedo en silencio delante de ti… Reconozco que he querido detener el tiempo y que mi miedo se volvió mal genio con los que amo. Pongo en tus manos lo que termina y lo que viene; que se haga tu voluntad y no la mía. Enséñame a vivir sin apuro y sin aferrarme, a disfrutar esta nueva etapa y a servir de otra manera donde tú me muestres. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: 2Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar; 6Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar; 7Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja? 10Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres para que en él se ocupasen. 11Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.
Eclesiastés 3:1-11 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Eclesiastés es la reflexión de “el Predicador”, un hombre sabio que observa la vida “debajo del sol” con sus vueltas, sus logros y sus pérdidas. En este capítulo escribe un poema de catorce pares de opuestos que empieza así: «Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:» La “sazón” es el momento oportuno, como la fruta que madura a su tiempo y no antes. Luego enumera: «Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;» El poema no dice que todo esté fijado de manera mecánica ni que debamos resignarnos a cualquier cosa; constata que la vida tiene etapas, y que cada una trae lo suyo.
Esto revela algo de Dios: él es el Señor de los tiempos. El Predicador lo dice así: «Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.» Dios puso en el corazón humano un anhelo que va más allá del momento presente; por eso nos cuesta tanto soltar. Pero no alcanzamos a ver toda su obra de principio a fin. Aceptar una etapa no es rendirse ni dejar de servir; es dejar de pelear contra el calendario de Dios. Y tu valor no estaba en el aula ni en el cargo: estaba, y sigue estando, en lo que eres delante de él.
Jesús vivió atento a los tiempos del Padre, sin adelantarse y sin quedarse atrás. A quienes lo apuraban les dijo: «Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto.» (Juan 7:6). Y al final de su camino pudo orar: «Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese.» (Juan 17:4). Terminar bien una etapa también es obra de Dios.
Tu parte empieza por reconocer que esto es una pérdida real y que duele; no hace falta fingir alegría. Pero el duelo no te da permiso para descargar tu frustración en los demás. Despídete bien de tus alumnos, bendice a la profesora que llega y ofrécele lo que aprendiste; vuelve a mirar a tu esposa y a tu nieto, que te esperan en la etapa que empieza. Quizá Dios te abra otras formas de enseñar: un reforzamiento escolar en tu barrio o en la congregación. Y si la tristeza se vuelve muy honda y no se va, hablar con un profesional también es cuidarte.
¿Qué etapa estás tratando de alargar a la fuerza, y qué te estás perdiendo de la que empieza?
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Orar Oratio
Señor, gracias por treinta y ocho años en el aula, por cada estudiante que pasó por mis clases, por la salud que me permitió enseñar y por mi esposa, que me ha esperado tantas tardes. Tú sabes cuánto me cuesta soltar este trabajo y el miedo que me da sentirme inútil. Si lo tienes a bien abrirme otra puerta para enseñar, la recibiré con gratitud; y si no, ayúdame a aceptar esta etapa con paz. Dame humildad para bendecir a quien me reemplaza y valor para corregir mi mal genio en casa. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en esta noche y en cada etapa de tu vida, la que termina y la que empieza. Él hace todo hermoso en su tiempo. Que el Espíritu de Dios te dé paz para soltar lo que ya cumplió su tiempo.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre las etapas de tu vida?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué lugar, cargo o costumbre que se está terminando necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana buscaré a la profesora que me va a reemplazar, le pediré disculpas por mis comentarios y le ofreceré mis planificaciones y lo que he aprendido de estos cursos. En la noche le pediré perdón a mi esposa y fijaremos juntos la fecha del viaje a Sucre. Y el sábado llevaré a Joaquín al fútbol”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Juan 3:26-30. Juan el Bautista se alegra de dar paso a Jesús: a él conviene crecer.
«A él conviene crecer, mas á mí menguar.» (Juan 3:30) - Marcos 4:26-29. La semilla crece por etapas: primero hierba, luego espiga, después grano.
«Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga;» (Marcos 4:28) - 2 Timoteo 4:6-8. Pablo, al final de su carrera, mira atrás con fidelidad y paz.
«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.» (2 Timoteo 4:7)
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