26 de enero · Decir en quién confío
Salmo 91:2: esperanza mía y castillo mío
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 26 de enero.
Versículo del día: Salmo 91:2-8 RV1909
Tienes sesenta y ocho años y trabajaste cuarenta en una empresa de transporte. Siempre fuiste el fuerte de la familia: el que prestaba, el que resolvía, el que nunca pedía nada. Con la jubilación y los ahorros de toda la vida pensabas vivir tranquilo, pero la inflación se comió la mitad, y los remedios de tu esposa cuestan más cada mes. No le has contado a nadie lo preocupado que estás; a tus hijos les dices que todo está bien. Los domingos, en la iglesia, cantas “mi Dios, en él confiaré” moviendo los labios, pero por dentro sabes que tu verdadero castillo era la cuenta del banco, y ahora tiene grietas. Te da vergüenza admitir, aun delante de Dios, que tienes miedo.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día, por mi esposa a mi lado, por el pan de hoy y por los remedios que pudimos comprar. Gracias por los años en que me permitiste sostener a mi familia. Me quedo en silencio delante de ti… Te digo con mis palabras lo que me ha costado decir: tengo miedo, y quiero confiar en ti. Tú eres mi esperanza y mi castillo. Dame humildad para pedir y aceptar ayuda, y un corazón dispuesto a acompañar a otros que están solos. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
2Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré. 3Y él te librará del lazo del cazador: de la peste destruidora. 4Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad. 5No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día; 6Ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya. 7Caerán á tu lado mil, y diez mil á tu diestra: mas á ti no llegará. 8Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos.
Salmo 91:2-8 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
En el Salmo 91 hay un cambio de voz que pasa desapercibido. El primer versículo habla en general del que habita al abrigo del Altísimo; el segundo es una confesión en primera persona: «Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.» Antes de hablar de peligros, el salmista dice en voz alta en quién se apoya. El “castillo” era la fortaleza en lo alto donde la gente se refugiaba cuando llegaba el enemigo: el último lugar seguro. Llamar a Dios “castillo mío” es decir: cuando todo lo demás falle, aquí me quedo.
Esto revela algo de Dios: no necesita que le informemos nada, pero sabe que a nosotros nos hace bien decir la verdad. Decir “en él confiaré” no es una fórmula para obligar a Dios ni un decreto que hace que las cosas pasen; es poner en palabras lo que el corazón está aprendiendo, y descubrir de paso en qué otras cosas confiábamos. La Biblia lo nombra con precisión: «Las riquezas del rico son la ciudad de su fortaleza, y como un muro alto en su imaginación.» (Proverbios 18:11). El dinero, la salud, el trabajo y la propia fuerza son buenos regalos, pero castillos frágiles. Y el salmo no promete que no habrá inflación ni enfermedad; promete un refugio que no se derrumba con ellas.
Jesús, en su hora más oscura, dijo en voz alta en quién confiaba, con palabras de otro salmo: «Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.» (Lucas 23:46). No lo susurró: lo clamó. Tu parte es empezar a decirlo de verdad, con tus palabras, y eso incluye decirles también la verdad a los tuyos: contarles a tus hijos cómo están las cosas, revisar los gastos con tu esposa y aceptar ayuda sin sentir que pierdes tu dignidad. Ser el fuerte toda la vida también puede ser una forma de orgullo. Y desde ese refugio podrás mirar a otros jubilados que están igual o peor que tú: quizá un vecino solo necesita que alguien lo visite y le recuerde que no está solo.
¿En qué castillo te escondes de verdad cuando tienes miedo: en Dios o en lo que tienes?
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Orar Oratio
Padre, gracias por los años de trabajo que me diste, por mi esposa, por mis hijos y por lo que todavía tenemos, aunque hoy alcance menos. Tú sabes que tengo miedo y que me cuesta admitirlo. Quiero decirte con sinceridad: tú eres mi esperanza y mi castillo. Muéstrame en qué otras cosas he puesto mi confianza, dame humildad para hablar con mis hijos y sabiduría para administrar lo que tengo. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, más firme que cualquier ahorro y más cerca que cualquier preocupación. Dile en voz baja, con tus palabras, en quién confías. Que el Espíritu de Dios te dé paz y te enseñe a descansar en él.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre los castillos en los que has puesto tu confianza?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué orgullo, miedo al futuro o necesidad de parecer fuerte necesitas poner en las manos de Dios, de corazón?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Este domingo, en el almuerzo, les contaré a mis hijos con tranquilidad cómo estamos de verdad, y aceptaré la ayuda que me ofrezcan. El martes visitaré al vecino viudo que vive solo, para tomar un mate con él y escucharlo”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 23:44-46. Jesús, en su hora más oscura, dice en voz alta en quién confía.
«Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.» (Lucas 23:46) - Proverbios 18:10-11. El nombre de Jehová es torre fuerte; las riquezas, un muro en la imaginación.
«Torre fuerte es el nombre de Jehová: á él correrá el justo, y será levantado.» (Proverbios 18:10) - Jeremías 17:5-8. Bendito el que confía en Jehová: como árbol junto a las aguas en tiempo de sequía.
«Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.» (Jeremías 17:7) - 1 Timoteo 6:17-19. No poner la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo.
«A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos:» (1 Timoteo 6:17)
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