Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

26 de mayo · El prójimo es aquel con quien yo uso misericordia

El buen samaritano: ¿quién es mi prójimo?

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 26 de mayo.

Versículo del día: Lucas 10:25-37 RV1909

Tienes treinta y cuatro años y manejas un mototaxi en Choluteca. El jueves, ya oscureciendo, viste a un muchacho tirado junto a su bicicleta en la orilla de la carretera, con la cara ensangrentada. Llevabas a una señora con sus bolsas del mercado y pensaste rápido: “si me paro, me van a culpar, me pueden asaltar, voy a perder la carrera”. Aceleraste. Dos carros también siguieron de largo. Al día siguiente supiste que lo habían atropellado y que pasó más de una hora ahí antes de que llegara la ambulancia; está grave en el hospital. Es el hijo de doña Marta, la señora que vende tortillas en el mercado y a quien a veces llevas a su casa. Desde entonces duermes mal y te repites que no era tu culpa, que uno tiene que cuidarse.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por las calles recorridas sin accidente, por mi familia y por la oportunidad de corregir mi camino. Me quedo en silencio delante de ti… Pienso en el muchacho del hospital y en su mamá, y los pongo en tus manos. Reconozco que mi miedo pesó más que la misericordia. No quiero vivir hundido en la culpa ni justificarme; quiero aprender. Muéstrame qué esperas de mí y dame valor para detenerme cuando alguien me necesite. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    25Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? 26Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? 27Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo. 28Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás. 29Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado. 32Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. 33Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; 34Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él. 35Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré. 36¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones? 37Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

    Lucas 10:25-37 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Un doctor de la ley quiso poner a prueba a Jesús y le preguntó qué debía hacer para heredar la vida eterna. Él mismo respondió con los dos mandamientos: amar a Dios y al prójimo. Pero luego quiso marcar un límite: «Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?» En ese tiempo se discutía quién contaba como prójimo: ¿el de mi pueblo?, ¿el de mi religión? Jesús respondió con una historia. El camino de Jerusalén a Jericó bajaba entre montañas desiertas y era famoso por los asaltos. Un sacerdote y un levita, hombres del templo, vieron al herido y se pasaron al otro lado del camino, quizá por miedo, quizá para no contaminarse. Pero pasó un samaritano, alguien a quien los judíos despreciaban: «Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;» “Movido a misericordia” habla de una compasión que se siente en las entrañas y que no se queda en el sentimiento.

    Y aquí Jesús le da vuelta a la pregunta: «¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?» El doctor preguntaba a quién tenía que amar; Jesús le pregunta quién se hizo prójimo. «Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.» Esto revela el corazón de Dios: su misericordia no pregunta primero si el otro es de los míos, si lo merece o si me conviene; se detiene. El prójimo no es una categoría de personas; es lo que yo llego a ser cuando uso misericordia.

    Jesús no solo contó esta historia; la vivió. «Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.» Se detenía ante los enfermos, los leprosos y los que todos evitaban, aunque eso le costara tiempo, críticas y descanso.

    La misericordia no te pide arriesgar tu vida sin pensar. El samaritano hizo lo que estaba a su alcance: se acercó, vendó, cargó y pagó. Hoy el aceite y el vino pueden ser llamar a emergencias, poner luces, quedarte hasta que llegue la ayuda o pedir a otros que se detengan. Tu parte ahora no es hundirte en la culpa ni justificarte, sino reconocer ante Dios lo que pasó, reparar lo que puedas y decidir desde ya qué harás la próxima vez. Doña Marta y su hijo siguen ahí; todavía puedes acercarte.

    ¿Ante quién te has pasado al otro lado del camino, y qué podrías hacer hoy para acercarte?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi mototaxi, por los pasajeros de cada día y por llegar con vida a la casa en medio de tanto peligro. Tú viste cómo aceleré junto a ese muchacho herido, y conoces el miedo y la vergüenza que cargo desde entonces. Si lo tienes a bien, devuélvele la salud; y si no, consuela a su familia. Ayúdame a reconocer mi falta sin esconderme, dame valor para buscar a su mamá y un corazón dispuesto a detenerse la próxima vez. Que se haga tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, y que también estaba en esa carretera, junto al muchacho herido. Su mirada sobre ti no es de condena, sino de llamado. Que el Espíritu de Dios te mueva a misericordia y te dé ojos para ver al que está tirado en tu camino.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre quién es tu prójimo?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué miedo, qué excusa o qué culpa necesitas poner en las manos de Dios para poder usar misericordia? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana iré al hospital a preguntar por el muchacho y le ofreceré a doña Marta llevarla y traerla sin cobrarle mientras él esté internado. Guardaré en el teléfono el número de emergencias y llevaré un botiquín pequeño en el mototaxi, para no volver a pasar de largo”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Mateo 9:35-38. Jesús ve a la gente y tiene compasión de ella.
    «Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor.» (Mateo 9:36)
  • Lucas 7:11-15. Jesús ve el dolor de una viuda, se compadece y se acerca.
    «Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.» (Lucas 7:13)
  • Santiago 2:14-17. Una fe que ve la necesidad y no hace nada no aprovecha.
    «Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará?» (Santiago 2:16)
  • Proverbios 3:27-28. No detener el bien cuando está en tu mano hacerlo.
    «No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo.» (Proverbios 3:27)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: El buen samaritano: ¿quién es mi prójimo?.

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