3 de junio · Perdonar porque fui perdonado
Mateo 18:22: hasta setenta veces siete
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 3 de junio.
Versículo del día: Mateo 18:21-33 RV1909
Tienes treinta y ocho años y vendes jugo de naranja y bolones en una carretilla en la Bahía de Guayaquil. Desde las cinco de la mañana estás bajo el sol, y lo que ganas lo guardas en una lata de galletas debajo del mostrador. Tu hermano Kléber, que vive contigo, se metió en las apuestas por el celular. Este año te ha sacado plata de la lata tres veces; cada vez llora, jura que no vuelve a pasar y tú le dices “te perdono”. Ayer desapareció lo de la fruta del mercado mayorista. Tu mamá te dice: “Perdónalo, es tu hermano”. Pero por dentro llevas la cuenta de cada dólar, se lo cuentas a las otras vendedoras y en la casa le hablas con desprecio. Esta noche no sabes si perdonar significa dejar que siga pasando.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día de trabajo, por el sol que aguanté y por las ventas que salieron, por mi casa y por mi familia, también por Kléber. Me quedo en silencio delante de ti… Reconozco que he dicho “te perdono” con la boca mientras guardaba la lista en el corazón. Pongo a mi hermano en tus manos; que se haga tu voluntad y no la mía. Ayúdame a perdonar sin desprecio y a poner límites sin rencor, y dame paz para dormir esta noche sin repasar cada dólar. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
21Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? 22Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete. 23Por lo cual, el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos. 25Mas á éste, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase. 26Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda. 28Y saliendo aquel siervo, halló á uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes. 29Entonces su consiervo, postrándose á sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30Mas él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. 31Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon á su señor todo lo que había pasado. 32Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: 33¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?
Mateo 18:21-33 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Pedro acababa de oír a Jesús hablar de cómo buscar al hermano que peca y corregirlo (Mateo 18:15-17), y quiso saber dónde estaba el límite: «Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?» Siete le parecía una cifra generosa, casi perfecta. Pero Jesús respondió: «Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.» No es una cuenta de cuatrocientas noventa veces; es una manera de decir: deja de llevar la cuenta. Y para explicarlo contó la parábola de dos deudas: diez mil talentos, una cifra que un trabajador no alcanzaría a pagar ni en muchas vidas, y cien denarios, el salario de unos meses. El primer siervo fue perdonado de lo imposible y no fue capaz de perdonar lo pequeño.
Esto revela algo de Dios: su perdón es primero y es enorme. «El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.» Y por eso la pregunta final va dirigida a cada uno de nosotros: «¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?» Pero perdonar no es lo mismo que permitir el abuso ni hacerse cómplice. El mismo Jesús enseñó: «Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.» (Lucas 17:3). Perdonar es soltar la deuda en el corazón y renunciar a la venganza y al desprecio; no es entregarle otra vez la lata, ni callar, ni dejar que el problema crezca. También dice la Escritura: «El avisado ve el mal, y escóndese: mas los simples pasan, y reciben el daño.» (Proverbios 22:3).
Jesús vivió lo que enseñó. En la cruz, mientras lo herían, oró: «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.» (Lucas 23:34). No minimizó el daño, pero no dejó que el daño le dictara el corazón.
Tu parte tiene dos caras. La primera es contigo misma: dejar de repasar la lista, de contarla a las vecinas y de hablarle con desprecio, porque ese rencor te está quitando la paz a ti. La segunda es el amor que pone límites: guardar el dinero donde él no llegue, decirle con calma que lo perdonas pero que esto no puede seguir, y animarlo a buscar ayuda. La adicción al juego es una enfermedad seria; acompañarlo a un profesional o a un grupo de apoyo es parte del cuidado de Dios, no falta de fe. Perdonar a Kléber y protegerlo de sí mismo pueden ir juntos.
¿Estás llevando una cuenta en tu corazón, o estás confundiendo el perdón con dejar que el daño siga?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi trabajo, por la carretilla que nos da el pan, por mi mamá y por la vida de mi hermano, aunque hoy me duela tanto. Tú sabes cuántas veces me ha fallado y cómo me pesa este rencor. Me has perdonado mucho más de lo que yo podría pagar. Muéstrame qué esperas de mí; si lo tienes a bien, abre el corazón de Kléber para que busque ayuda, y si no, dame sabiduría para amarlo sin dejar que me haga daño. Dame valor para soltar la cuenta y disciplina para cuidar mi boca y mis límites. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, el mismo que te ha perdonado sin llevar cuentas. No tienes que resolver esta noche todo lo de tu hermano. Que el Espíritu de Dios te ayude a soltar, una por una, las deudas que guardas.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la diferencia entre perdonar y permitir el daño?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué cuenta pendiente, qué palabra de desprecio o qué deseo de que tu hermano “pague” necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de labios.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana guardaré el dinero del día en un lugar seguro y dejaré de contarles a las vecinas lo de Kléber. En la noche hablaré con él con calma: le diré que lo perdono, que no puede volver a tomar la plata y que estoy dispuesta a acompañarlo a buscar ayuda para dejar las apuestas”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 17:3-4. Jesús enseña a reprender y a perdonar, una y otra vez, al que se arrepiente.
«Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.» (Lucas 17:4) - Efesios 4:31-32. Quitar la amargura y perdonar como Dios nos perdonó.
«Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.» (Efesios 4:32) - Colosenses 3:12-13. Sufrirnos y perdonarnos unos a otros como fuimos perdonados.
«Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» (Colosenses 3:13) - Proverbios 22:3. El prudente ve el mal y se protege; perdonar no es exponerse sin cuidado.
«El avisado ve el mal, y escóndese: mas los simples pasan, y reciben el daño.» (Proverbios 22:3)
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Esta oración también está en el archivo: Mateo 18:22: hasta setenta veces siete.