Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

8 de julio · Esperanza sin definir detalles del fin

Apocalipsis 21:4: limpiará Dios toda lágrima

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 8 de julio.

Versículo del día: Apocalipsis 21:1-5 RV1909

Tienes cincuenta y siete años y tienes una panadería pequeña en un barrio de Cartago, Costa Rica. Durante treinta años te levantaste a las tres de la mañana con Rodrigo, tu esposo, a amasar, prender el horno y hacer el pan que los vecinos encargaban. Hace siete meses él murió de un infarto, en la misma panadería. Sigues abriendo porque es lo que sabes hacer y porque hay cuentas que pagar, pero cada madrugada, cuando enciendes el horno sola, lloras sobre la masa. Tus hijos viven en San José y te llaman los domingos; a ellos siempre les dices que estás bien. En la iglesia te repiten que “ya está en un lugar mejor” y que deberías estar alegre. Tú le crees a Dios, pero el dolor no se va, y te preguntas si tanto llanto es falta de fe.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por el horno encendido, por los clientes que llegaron y por mis hijos, que me aman aunque estén lejos. Me quedo en silencio delante de ti… Te entrego mis lágrimas de esta madrugada y el recuerdo de Rodrigo. No sé cómo harás nuevas todas las cosas, pero creo que tus palabras son fieles y verdaderas. Que se haga tu voluntad y no la mía. Dame fuerzas para el día de mañana y un corazón dispuesto a consolar a otros. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es. 2Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. 3Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. 4Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas. 5Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

    Apocalipsis 21:1-5 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    El libro del Apocalipsis lo escribió Juan cuando estaba desterrado: «Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulación y en el reino, y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.» Escribía a iglesias pequeñas que sufrían persecución, pérdidas y miedo. El libro está lleno de visiones e imágenes, y los creyentes las han entendido de maneras distintas a lo largo de los siglos. Esta noche no buscamos explicar cómo ni cuándo sucederá lo que Juan vio; nos quedamos con lo que el texto dice con claridad. Juan ve “un cielo nuevo, y una tierra nueva”, y añade que “el mar ya no es”; para el pueblo de Israel el mar era imagen de caos y amenaza.

    El centro de la visión es Dios cerca de su pueblo: «Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos.» El tabernáculo era la tienda donde Dios habitaba en medio de Israel en el desierto. Y luego viene la promesa más tierna: «Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.» El texto no dice que llorar esté mal, ni que no haya habido lágrimas; dice que Dios mismo las limpiará. Es esperanza, no anestesia: no te pide fingir alegría hoy. Y Dios tiene la última palabra: «Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.»

    Ante la tumba de su amigo Lázaro, Jesús no dio un discurso; el Evangelio dice simplemente: «Y lloró Jesús.» (Juan 11:35). Y en el monte había enseñado: «Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.» (Mateo 5:4). Llorar no es falta de fe; Jesús lloró.

    La esperanza no te pide dejar de extrañar a Rodrigo; te da una razón para no quedarte sola en el dolor. Tu parte es permitirte llorar delante de Dios, decirles a tus hijos cómo estás de verdad en lugar de “bien”, aceptar ayuda en la panadería y descansar cuando el cuerpo lo pida. Si el dolor te impide dormir o comer, o te quita las ganas de vivir, buscar un grupo de duelo o un psicólogo es parte del cuidado de Dios. Y tu dolor, con el tiempo, puede volverse consuelo para otros: hay vecinos que también perdieron a alguien y que entienden tus madrugadas.

    ¿Qué lágrimas has estado escondiendo, incluso delante de Dios?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por los treinta años que viví junto a Rodrigo, por el pan que amasamos juntos, por mis hijos y por los vecinos que siguen llegando a la panadería. Tú sabes cuánto lo extraño y cuánto me duelen las madrugadas sola. No entiendo todo, pero confío en que tú tienes la última palabra. Si lo tienes a bien, consuela mi corazón; y mientras tanto, dame humildad para pedir ayuda y valor para decir la verdad sobre cómo estoy. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, cerca de ti y de tus lágrimas, como estuvo Jesús junto a la tumba de su amigo. No tienes que contener el llanto delante de él. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu dolor y sobre la esperanza?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué dolor, qué pregunta sin respuesta o qué soledad necesitas poner en las manos de Dios esta noche? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Este domingo les diré a mis hijos con sinceridad cómo me siento y les pediré que vengan a hornear conmigo un sábado. Y mañana le llevaré un pan dulce a doña Ligia, que enviudó en enero, y me sentaré un rato con ella a recordar a nuestros esposos”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Juan 11:32-36. Jesús llora con los que lloran ante la tumba de Lázaro.
    «Y lloró Jesús.» (Juan 11:35)
  • Isaías 25:6-9. El profeta anuncia que el Señor enjugará toda lágrima.
    «Destruirá á la muerte para siempre; y enjugará el Señor toda lágrima de todos los rostros: y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra: porque Jehová lo ha dicho.» (Isaías 25:8)
  • Salmo 34:15-18. Dios está cerca de los quebrantados de corazón.
    «Cercano está Jehová á los quebrantados de corazón; y salvará á los contritos de espíritu.» (Salmo 34:18)
  • 2 Corintios 1:3-5. El consuelo que recibimos de Dios nos permite consolar a otros.
    «El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.» (2 Corintios 1:4)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Apocalipsis 21:4: limpiará Dios toda lágrima.

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