8 de mayo · La paz que Jesús da no es la ausencia de problemas
Juan 14:27: la paz os dejo, mi paz os doy
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 8 de mayo.
Versículo del día: Juan 14:25-31 RV1909
Tienes treinta y ocho años y eres kinesiólogo; tienes tu consultorio en el centro de Salto, Uruguay. Hace cuatro meses tu hija Sofía, de siete años, fue diagnosticada con artritis idiopática juvenil. Le duelen las rodillas y las manos, el tratamiento será largo y muchas veces no puede correr con los otros niños en el recreo. Te levantas de noche cuando llora de dolor. Tú, que todo el día ayudas a otros a recuperar sus articulaciones, no puedes arreglar esto. Un hermano de la iglesia te dijo que, si tuvieras verdadera paz y fe, Dios ya la habría sanado. Desde entonces te sientes doblemente culpable: por la enfermedad que no puedes curar y por la paz que no sientes. Esta noche, mientras la miras dormir desde la puerta de su cuarto, te preguntas dónde quedó la paz que te prometieron.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por cada rato sin dolor y por cada noche difícil que pudimos atender; gracias por mi familia y por el techo que nos cubre. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos a Sofía, su cuerpo, su futuro y mis noches de vigilia. Suelto la culpa que me hicieron cargar. No te pido una vida sin problemas, sino tu paz en medio de ellos. Muéstrame qué esperas de mí mañana, y dame descanso esta noche. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
25Estas cosas os he hablado estando con vosotros. 26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. 27La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. 28Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo. 29Y ahora os lo he dicho antes que se haga; para que cuando se hiciere, creáis. 30Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí. 31Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí.
Juan 14:25-31 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Jesús dice estas palabras en la última cena, pocas horas antes de ser entregado. Judas ya había salido, los discípulos estaban confundidos y tristes porque su Maestro les anunciaba que se iba. En ese clima, Jesús les promete que el Consolador les enseñaría y les recordaría todo lo que él les había dicho, y les deja este regalo: «La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» No lo dice en una tarde tranquila, sino a las puertas de la cruz.
“No como el mundo la da.” La paz del mundo es la ausencia de problemas: todo bajo control, nada que temer. La paz de Jesús es otra cosa: la confianza de saberse en las manos del Padre en medio del problema. Él mismo la vivió: sabía lo que venía, y aun así se levantó para enfrentarlo. «Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantaos, vamos de aquí.» Esto revela algo de Dios: su paz no es un premio que se gana con suficiente fe, ni una moneda para comprar la sanidad. La enfermedad de Sofía no es un castigo, ni prueba que te falte fe. Dios puede sanar, y está bien pedírselo, pero su paz no depende de que el problema desaparezca. Esa paz llega como un regalo, no como una exigencia más sobre tus hombros cansados.
Después de resucitar, Jesús entró donde sus discípulos estaban encerrados por miedo: «Y como fué tarde aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.» (Juan 20:19). Y enseguida les mostró las manos y el costado. La paz que trae Jesús no esconde las heridas; llega con ellas.
Tu parte no es fabricar una calma que no sientes, sino abrirte a recibir esa paz y cuidar lo que te toca. Apóyate en el equipo médico de Sofía, en su reumatóloga y en otros padres que viven lo mismo; no tienes que saberlo todo. Turnarte las noches con tu esposa también es sabiduría. Si la ansiedad no te deja descansar, consultar a un psicólogo es parte del cuidado de Dios, no falta de fe. Y no dejes que el miedo al próximo brote ocupe todo el lugar: Sofía necesita a un papá que juegue con ella, no solo a un enfermero.
¿Estás esperando que desaparezca el problema para tener paz, o estás dispuesto a recibir la paz de Jesús en medio de él?
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Orar Oratio
Señor, gracias por la vida de Sofía, por los médicos que la atienden, por los avances que hoy le permiten vivir con su enfermedad, por mi esposa y por mi trabajo. Tú sabes el miedo que siento cada noche y la culpa que cargo. Si lo tienes a bien, sana a mi hija; y si no, enséñanos a vivir con esto de tu mano. Ayúdame a recibir tu paz y no a fabricarla, y dame sabiduría y constancia para cuidar a Sofía sin dejar de ser su papá. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, junto a la cama de Sofía y junto a ti, que la cuidas. Su paz no necesita que todo esté resuelto. Que el Espíritu de Dios, el Consolador, te recuerde en este silencio las palabras de Jesús: “No se turbe vuestro corazón”.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la paz que Jesús da?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué culpa, qué miedo por tu hija o qué exigencia de tener todo bajo control necesitas poner en las manos de Dios esta noche? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta semana le propondré a mi esposa turnarnos las noches en que le duele para que los dos podamos dormir. El sábado llevaré a Sofía a la plaza a jugar a lo que ella pueda, sin hablar de la enfermedad, y buscaré el grupo de padres de niños con artritis juvenil para escuchar a otros y acompañar a alguna familia que recién empieza”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Juan 20:19-21. Jesús resucitado trae paz a los discípulos encerrados y les muestra sus heridas.
«Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor.» (Juan 20:20) - 2 Tesalonicenses 3:16-18. El Señor de paz da paz en toda manera.
«Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.» (2 Tesalonicenses 3:16) - Salmo 29:10-11. Dios reina aun sobre el diluvio y bendice a su pueblo con paz.
«Jehová dará fortaleza á su pueblo: Jehová bendecirá á su pueblo en paz.» (Salmo 29:11)
Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.
Esta oración también está en el archivo: Juan 14:27: la paz os dejo, mi paz os doy.